Identificarse

Identificarse

   La historia de las ciencias naturales es una historia de logros espectaculares. La revolución científica del siglo XVII, que está asociada a los nombres de grandes científicos como Galileo Galilei (1564-1642), Isaac Newton (1642-1727) y Robert Boyle (1627-91) inició un período de enormes progresos que no da señales de haber acabado. En poco más de tres siglos, hemos descubierto las leyes fundamentales de la física, los 92 elementos de la tabla periódica, y algunos secretos de la vida escritos en el ADN. La ciencia no sólo nos ha permitido fraccionar el átomo, clonar una oveja, o poner al hombre en la Luna, sino que también nos ha aportado todo tipo de herramientas prácticas como los coches, teléfonos u ordenadores.

   No es extraño que el extraordinario éxito de las ciencias naturales, haya llevado a algunos a verlas como el paradigma cognitivo dominante o modelo ejemplar del conocimiento. De vez en cuando, ha habido intentos de basar más científicamente
otras áreas de conocimiento, imitando el rigor y la certeza de áreas como la física.
Incluso algunos han argumentado que la ciencia es el único camino para el conocimiento, y que si no puedes probar algo científicamente, entonces no sabes realmente nada en absoluto.

   A pesar del éxito de las ciencias naturales, deberíamos ser cautos sobre algunas de las cosas más extravagantes que se afirman en su nombre. La ciencia –como otras áreas de conocimiento- tiene sus debilidades y limitaciones. A menudo se dice que se ha probado algo, como si los descubrimientos científicos tuvieran la certeza de una deducción matemática. Pero, ya que la ciencia tiene historia, y las creencias científicas cambian con el tiempo, podríamos preguntarnos hasta dónde llega la certeza científica.
Tenemos también que tener en cuenta que las ciencias naturales no tienen el monopolio de la verdad y que puede haber otras formas válidas de dar sentido al mundo.

 
 
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